En el Ocaso de nuestras vidas seremos juzgados por el amor (San Juan de la Cruz)

 

A menudo vivimos en medio de una ilusión: queremos que cambie lo que nos rodea, que cambien las circunstancias, y tenemos la impresión de que entonces todo iría mejor.

Pero eso suele ser un error. Para  cambiar  en primer lugar ha de cambiar nuestro corazón, purificándose de su encierro, de su tristeza, de su rabia,  de su falta de esperanza:  “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”(Mt5,8). Bienaventurados los que tienen el corazón purificado por le fe y la esperanza, que dirigen hacía su vida una mirada iluminada por la certeza de que, a pesar de las apariencias desfavorables, Dios está presente, atiende a sus necesidades esenciales y que , por lo tanto, nada les falta.

 

Entonces, si tenemos esta fe, veremos a Dios, experimentaremos la presencia de Dios que nos acompaña y nos guía, comprenderemos que todas aquella circunstancias  que nos parecían negativas y perjudiciales para nuestra vida espiritual; en la pedagogía de Dios son, de hecho, medios poderosos para hacernos avanzar y crecer espiritualmente..

   En algunas ocasiones estamos tan descepcionados por lo que no funciona, por lo que (según nuestros criterios) debería ser diferente, que olvidamos lo positivo, además de que no sabemos aprovechar todos los aspectos de nuestra situación, incluso los aparentemente negativos, para acercarnos a Dios y crecer en fe, en amor y en humildad. Lo que nos falta es, sobre todo, la convicción de que “el amor de Dios saca provecho de todo, del bien y del mal que se encuentra en mí”(Sta. Teresita) En lugar de lamentarnos y de querer librarnos a toda costa de nuestras imperfecciones, podríamos convertirlas en unas ocasiones espléndidas para avanzar en humildad y confianza,  en la misericordia de Dios y como consecuencia en santidad.

 

El problema de fondo es que estamos demasiado apegados a nuestras opiniones sobre lo que es bueno y lo que no lo es, nos convertimos en Jueces y no confiamos suficientemente en la Sabiduría y el poder de Dios. No creemos que sea capaz de usar de todo para nuestro bien y que nunca, en cualquier circunstancia, dejará que nos falte lo esencial, en pocas palabras, lo que nos permita amar más, pues crecer o desarrollarse en la vida espiritual es aprender a amar. Si tuviéramos más fe, muchas circunstancias que consideramos perniciosas podrían convertirse en unas ocasiones maravillosas para amara más, ser más pacientes, más humildes, más dulces, más misericordiosos y de abandonarnos más en las manos de Dios.

 

Cuando lleguemos a convencernos de esto, obtendremos una fuerza inmensa. Dios puede permitir que algunas veces me falte el dinero, la salud, el talento, las virtudes, pero nunca me faltará Él mismo, su ayuda y su misericordia, y todo lo que me permita acercarme siempre más estrechamente a Él, amarle más intensamente, amar mejor al prójimo  alcanzar la santidad.

 

Gracias Marisol por ser ese Angel en el mundo que nos enseño a muchos que el amor y la Fe son las armas que Dios nos regala para entender de manera misericordiosa que en el plan Divino somo simplemente partes de un rompecabezas que nunca vamos a entender porque solo el tiene la imagen completa de ese rompecabezas y en vez de quebrarnos la cabeza tratando de entenderlo y armarlo por nuestra cuenta debemos simplemente de formar parte de el y entregarnos en cuerpo y alma para que se cumpla en nosotros su infinita voluntad.