Faltaban 34 segundos en el reloj. Habíamos tomado el último tiempo fuera disponible. El juego estaba empatado a 52 puntos y sabíamos que teníamos la obligación de encestar si queríamos ganar el partido y ser campeones.

Faltaban 34 segundos en el reloj. Habíamos tomado el último tiempo fuera disponible. El juego estaba empatado a 52 puntos y sabíamos que teníamos la obligación de encestar si queríamos ganar el partido y ser campeones.

No recuerdo lo que hablamos en el tiempo fuera, fue más para relajarnos, en realidad ya sabíamos lo que teníamos que hacer porque ya lo habíamos hecho muchas veces antes y en la mayoría de veces daba resultado. El plan era sencillo, asegurarnos que el balón llegara a nuestro mejor jugador y estrella del Equipo “Mike”. Pero lo que nadie sabía es que las cosas no iban a salir como se esperaba.

El balón en la banda, Steve nuestro mejor manejador de balón y tirador de 3 tenía la responsabilidad de iniciar la jugada. Steve señala con el dedo a Mike para asegurarse que estaba listo y que íbamos a hacer la jugada de costumbre. Darle el balón a Mike, el lo iba a retener por 5 segundos y Steve se desmarcaba cerca de la línea de tres para ser la válvula de escape, pero el gol era que Mike con su habilidad se quitará la marca con el 1 a 1 y saliera rumbo a la canasta, buscará la falta y tirara el balón utilizando el tablero para facilitar el rebote si no funcionaba ni el plan A ni el Plan B.

Nuestros rivales tenían otro plan, habían descifrado nuestra super predecible estrategia y mandaron doble marca a Mike, en el momento que toca el balón le llegaron dos jugadores a la marca, en ese momento se activa el plan “B”, Steve que era la válvula de escape se retrasa y le pide el balón. Mike le regresa el balón con complicaciones y Steve  al nomás recibir el balón le cae otra doble marca. En ese momento pasa lo que muy pocos saben Mike frio y calculador como siempre sin dejarse llevar por la presión de lo que estaba ocurriendo había descifrado un plan C, voltea hacia mí y me hace un gesto con la cabeza que ya me había hecho muchas veces, pero no al final de un partido y que significaba “Movete al fondo debajo de la canasta te voy a tirar el balón”. Él había leído ya las marcas y se dió cuenta que había 4 personas marcando a dos jugadores y el jugador restante era mi marca y estaba muy adelantado tratando de bloquear que Steve me diera el balón.

Steve con su habilidad se logra quitar la doble marca y  regresa el balón a Mike que hace finta de penetración y se detiene, yo corro rumbo al tablero y Mike sin dudar un segundo hace finta de disparo y lanza el balón a mis manos, yo estaba completamente solo abajo del tablero, tomé el balón y encesté.

Esa no fue la última jugada del partido pero el rival ya no se pudo recuperar y segundos después nos coronamos  “Campeones Navideños de Básquetbol año 2000” de nuestro pueblo.

Para este momento ya sabrán que “Mike” y “Steve” son nombres ficticios y extraídos de los Chicago Bulls, así como el resto de los nombres que aparecen en esta historia.

Pero la historia no comienza allí. La historia en realidad había comenzado 11 años antes cuando un grupo de Jóvenes decidieron “retar al mundo” (como ellos creían) haciendo un equipo de Basquetbol y jugar contra los grandes, eran el final de los 80 y Esquipulas tenía grandes jugadores, grandes equipos y grandes historias. Nosotros éramos unos niños queriendo jugar contra los grandes, vaya si nos iba tocar que remar contra la corriente.

Nos reunimos en la banqueta y empezamos a hablar y en ese momento pusimos las reglas de lo que iba a ser nuestro equipo, ni siquiera sabíamos cómo nos íbamos a llamar, pero las reglas eran sencillas:

  1. Nuestra amistad era lo primero y toda decisión que se tomará en el Club necesitaría la aprobación del 100% de sus fundadores.
  2. Si algo salía mal, volver a la regla número 1

Ya sabiendo las reglas ahora teníamos que ponerle nombre al equipo, para eso nos fuimos a mi casa, yo tenía un VHS “videocasetera” (ahorita seguramente hay varios jóvenes en Google viendo que es un VHS)  pusimos unos cassettes con juegos grabados de la NBA y resúmenes que teníamos. Era el tiempo de Celtics, Lakers, Pistons y había un joven que era una máquina para las clavadas, su apodo era “Rain Man” y su nombre Shawn Kemp, su equipo era totalmente desconocido para muchos pero sus clavadas lo llevaban a estar en los resúmenes que nosotros veíamos.

Ese día encontramos un video donde Kemp había clavado un balón sobre Pippen de una manera impresionante y lo repetimos en cámara lenta, nos quedamos viendo la jugada varias veces, en ese momento uno de los fundadores dice nos vamos a llamar “Sonics” como el equipo de Kemp y así nació nuestro nombre.

Ya con el nombre nos fuimos en busca del entrenador, en ese tiempo estaba adoquinando algunas calles del pueblo y por las tardes nos íbamos a jugar voleibol de Playa” eran los tiempos post “Top Gun” y aprovechando la arena que tenían sobre el adoquín y que la calle estaba cerrada enfrente de la casa de “Phil” que al final y luego de escuchar nuestra alocada idea de jugar en el Navideño con 13, 14 y 15 años de edad aceptó el reto.

Ya teníamos las reglas, el nombre y el entrenador, por lógica hacían falta unos jugadores para llenar la ficha de 10. No los voy a aburrir con cuantos fuimos exactamente los fundadores y cuantos fueron agregados a esa lista de 10 porque al final esos 10 fueron y serán siempre los originales “Club Sonics” aunque si hay una lista de fundadores que siempre y hasta el final tuvieron el voto de todo lo que hicimos, hasta el difícil momento de cerrar ese el capítulo en nuestra historia.

“Phil” diseñó un sistema para que no nos humillaran tanto porque en realidad ganar era muy difícil. El nos inyectó coraje y nos enseñó defender, nos dijo que la defensa era lo más importante y que retuviéramos el balón el mayor tiempo posible y que nosotros pusiéramos la velocidad del juego. Esto quedó grabado en mi mente de tal manera que hasta la fecha yo así veo el Basquetbol y la formula me ha funcionado más de una vez.

El uniforme y el logo fue la primera gran discusión, recuerdo que pasamos más de una semana hasta que al final el voto llegó a 100% y nos decidimos que el logo lo iba a diseñar un miembro del equipo y el uniforme iba a ser negro porque la idea era vernos más agresivos y más grandes de lo que en realidad éramos ‘unos niños” queríamos ser la mezcla perfecta entre los chicos malos “Pistons” certeza y juego sucio “Celtics” y espectáculo “Lakers” queríamos ser los Bulls de Michael Jordan sin decirlo porque pasaría un tiempo para que los Bulls fueran el modelo de todos los equipos de los 90’s.

Vaya si la historia fue diferente a lo que nos imaginamos, las derrotas se apilaron por docenas, los marcadores a veces eran vergonzosos, las peleas dentro y fuera de la cancha se hicieron comunes. El nombre de chicos malos nos lucia más que cualquier otro.

 La mezcla de personalidades y nuestro crecimiento no ayudaron mucho y la falta de disciplina y entrenamiento era la fórmula perfecta para el fracaso.

Nos llamamos Club Sonics y no solo Sonics porque uno de los fundadores dijo: “Somos un club de amigos que decidimos jugar basquetbol y no un grupo de desconocidos que se juntan 10 minutos antes de los partidos y luego se van cada uno para su casa”

La pasamos muy bien, durante ese tiempo logramos un grupo de amigos que hasta ahora seguimos siendo unidos, a veces pasa mucho tiempo entre algunos sin hablar, pero sabemos que estamos allí y cuando hablamos pareciera que a penas ayer que estábamos juntos, que los principios con los que nos fundamos no van a cambiar nunca, es muy difícil de explicar y dar detalles creo que los hechos hablan más de esto que mil palabras.

Vivimos cientos de aventuras, aprendimos muchísimo pero la fórmula del Basquetbol no estaba funcionando y en el año 93 “Mike” nos anuncia que ha decidido hacer un equipo de basquetbol con otros amigos y que ellos tenían un plan de entrenos y una meta de ganar y él quería ser campeón y nosotros en realidad no estábamos haciendo nada por ganar campeonatos, nos preocupaba más los uniformes, lo que íbamos a hacer después del partido y los días antes del otro partido que en realidad entrenar y prepararnos para ganar.

Y así a finales del 93 llega nuestra más grande derrota hasta el momento, el equipo de Basquetbol se desintegra.

“Mike” se van con su nuevo grupo y forman un equipo con el que lograrían ganar dos campeonatos y cumple su sueño de ser campeón

Que quede claro, por más que el equipo se había desintegrado nuestra amistad era mejor que nunca, la mayoría estábamos llegando a los 20 años y la pasábamos de lo mejor, algunos miembros se unieron a otros equipos y otros decidimos tomarnos un tiempo y seguir nuestras vidas.

“Club Sonics” era una realidad, vivíamos la vida al máximo, jugábamos todo deporte que se nos ocurría nos embarcamos en muchos proyectos y manteníamos nuestros valores principales y siempre aplicamos la regla 1 en todas las decisiones que tomábamos.

Unos años después decidimos incursionar en el Fútbol y vaya que fue una gran aventura, de las mejores, hicimos amigos nuevos entrañables y por primera vez pudimos disfrutar de la gloria de sentir lo que es ser campeones y no una sino varias veces.

Pero se que al final lo que quedo de estos dos campeonatos no fueron los triunfos y los trofeos, fue la oportunidad que tuvimos de unirnos de nuevo en algo que nos apasionaba, pero esta vez la historia se escribiría de diferente manera porque nos propusimos ganar y para eso teníamos que entrenar y lo cumplimos.

Pero quedaba una espinita clavada en el corazón de algunos y era “Ganar un campeonato Navideño de Basquetbol”.

A finales del 98 estábamos sentados “Mike” y yo debajo de una ceiba que quedaba al frente del bar donde trabajaba él, eran como las 2 am y el me dijo: ”Vos yo quiero ganar un navideño con los Sonics”, yo tenía 6 años de estar esperando escucharlo decir eso.

Pero aclaremos algo, me dijo: “Para lograrlo tenés que entrenar y dejar el desmadre y no solo vos, tienen que ser todos los que nos comprometemos si no es así prefiero dejarlo aquí”.

La historia no se iba escribir tan fácil, el equipo se reunió de nuevo y aplicando la regla 1 llevamos a un par de nuevos miembros para completar el equipo.

Ese Diciembre jugamos como nunca y llegamos a la ansiada final que tanto habíamos esperado. 

Faltaban 15 segundos perdíamos por un punto, “Mike” roba el balón, llega a la línea de 3 del rival y con la seguridad que le caracterizaba lanza el balón, después de un segundo de silencio se escucha el grito de los fans, había encestado y estábamos dos puntos arriba, la fiesta había comenzado en el graderio finalmente éramos Campeones. 

Pero faltaban 5 segundos y ellos tenían el balón y justo cuando el reloj llegó a 0 uno de los jugadores del equipo rival lanza un tiro desesperado de 3 y nosotros hacemos una falta. El balón va a la línea, el rival tenía 3 disparos, de acertar los 3, ellos terminarían ganando por un punto. La historia terminó de esa manera, el rival anotó los 3 puntos de tiro libre y ellos terminaron ganando por 1 punto. Habíamos perdido la final, una vez más habíamos sido derrotados.

Es difícil de expresar lo que sentíamos en ese momento, una vez más habíamos fallado. ¿Que habíamos hecho mal esta vez?

En realidad, no habíamos hecho nada mal, simplemente en la vida, aunque hagas todas las cosas bien nos siempre los resultados van a ser los esperados porque tenemos que tomar en cuenta los factores que no están bajo nuestro control.

Recibimos nuestro trofeo de segundo lugar y nos fuimos juntos como siempre. Fue entrando la noche y poco a poco el grupo se hizo más pequeño allí estábamos los clásicos sentados en el puente chiquito una vez más habíamos probado las mieles de la derrota. La sensación era extraña veníamos saliendo de ganar nuestro primer campeonato de fútbol y se sentía raro. Habíamos ganado en algo que en realidad por más que era valioso no era lo que ese grupito de jóvenes casi niños se habían propuesto 10 años antes.

Pasó un buen tiempo, comenzaba un nuevo milenio, ganamos nuestro segundo campeonato de fútbol y como guinda ganamos también el campeonato de fútbol sala, para asombro de muchos que no se la podían creer cómo este grupo de basquetbolistas andaban ganando en el fútbol.

Se acercaba el final de año 2000, estábamos todos reunidos en el bar de nuestro amigo y dice una amiga de todos: ¿bueno mucha y van a jugar los Sonics el navideño?

Allí estábamos una vez más con la encrucijada no pasaron ni 3 segundos y contesta un nuevo miembro del equipo “no solo a jugarlo este año lo vamos a ganar” esa frase fue suficiente para que se activara el turbo de nuevo.

Ese fue nuestro año, casi doce años después de haber iniciado nuestra aventura, un 23 de Diciembre levantamos el trofeo de “Campeones Navideños” habíamos ganado el triplete este año, ganamos el campeonato de Fútbol, ganamos el de Fútbol sala y habíamos ganado la gema deseada el campeonato Navideño de Basquetbol. De la noche a la mañana éramos la tos con flema del pueblo.

Esa noche y después de mucha fiesta terminamos bajo la misma ceiba, allí estábamos, ese grupito de niños que decidieron “retar el mundo” sentados en una banqueta, hacían falta un par de miembros por cosas del destino y la vida. No teníamos ni idea de los cambios que venían en nuestras vidas muy pronto, pero esa noche nada nos detuvo de ver el amanecer juntos, ver como la ciudad despertaba poco a poco y era el momento de iniciar un nuevo día, nos levantamos casi al unísono, nos despedimos como de costumbre y cada uno salió por rumbos diferentes y vaya si fueron rumbos diferentes.

Y porque comparto esta historia, es sencillo, todos soñamos con ser exitosos en esta vida y lograr muchas cosas y la gente cuando ve a alguien triunfar cree que es producto de la suerte o de una buena idea que subió como la espuma.

Vivimos en una era donde los medios sociales nos llenan de información de gente que de la noche a la mañana se hacen millonarios con una idea, Facebook, Instagram, Google, Amazon, Apple. Están historias crean mucha confusión y mandan a muchos en busca de sueños instantáneos que al final no llegan y eso nos puede llenar de frustraciones preguntándonos

¿Como puede ser que este cuate desde un garage comenzó un negocio y “de la noche a la mañana” es millonario y yo no?

La gente solo va a recordar el momento en que levantaste el trofeo, el momento en que tu empresa fue un éxito, el momento en que ganaste la medalla en el colegio, el momento que te pusieron la banda de reina lo que nadie sabe es todo lo recorrido antes de este momento.

La realidad es que detrás de cada historia de éxito hay muchas derrotas, muchos momentos difíciles, frustraciones y muchos fracasos. No hay una poción secreta que garantice el éxito, pero si hay algunos ingredientes que sabemos que pueden funcionar para facilitar el trayecto

  • Nadie lo puede todo y tenés que rodearte de las personas correctas si querés tener éxito.
  • Nunca renunciar a tu ideología, valores y propósitos, pero si evolucionar constantemente.
  • Reconocer tus talentos y explotarlos
  • Nunca parar de aprender

Mientras crecía admiraba a muchas personas exitosas pensando que eran exitosas porque eran extraordinarios. Conforme ha pasado el tiempo y he conocido más de ellos me he dado cuenta que todos al igual que yo han cometido errores, luchan contra sus debilidades y no se sienten particularmente especiales. No son más felices que el resto de nosotros y al igual que nosotros luchan con la cotidianidad de la vida y se equivocan.

Me he dado cuenta que la vida es una acumulación de historias que se repiten a diario, que lo que hoy vivimos ya muchos lo vivieron antes, que las vidas de todos son igual de ordinarias y extraordinarias, que usted y yo tenemos más en común de lo que imaginamos. Que la historia que hoy les cuento se ha repetido miles de veces en este mundo y que seguramente hay miles de grupos de amigos que han pasado por lo mismo y tienen miles de aventuras que contar.

Cuando luchamos por algo y lo logramos somos felices por un rato, pero no por mucho tiempo ya que la vida se encarga de poner cada día retos nuevos y por eso mismo si el éxito te llega muy temprano corres el riesgo que no estés preparado y te cueste mucho asimilarlo.

No nos enojemos o nos frustremos si no logramos el éxito instantáneo. Al final de la vida acumulamos éxitos y derrotas la clave es que en la balanza pesen más los éxitos que las derrotas, hay que dejar por un lado el miedo al cambio y la evolución, salirnos de la zona de comodidad de vez en cuando y no tener miedo al fracaso, disfrutar los triunfos por un rato y lamentar las derrotas por un rato más corto y tener por seguro que la vida es más fácil y se disfruta de mejor manera cuando te ha costado ganar algo y cuando al igual te ha costado recuperarte de una derrota. Fallar, Aprender y Evolucionar.

A mi me tomó 5 años retomar el valor de volver a escribir y durante estos últimos 5 años he pasado muchas cosas que han transformado mi vida, muchas buenas y otras malas. Mi deseo de aprender crece cada día y con eso el valor de tratar de compartir un poco lo aprendido en el camino.

En estos últimos dos meses el mundo ha tomado un cambio radical, la incertidumbre del futuro nos provoca miedos. Muchos estamos en casa pensando que vamos a hacer con este futuro incierto, mi familia, mi trabajo, mi ciudad, mi país. Ya nada va a ser igual y la única verdad es que el mundo evoluciona constantemente y que al igual nosotros tenemos que evolucionar y no tener miedo al cambio dejar de buscar culpables y tratar de crecer.

Esto que escribo hoy es más para darme ánimo a mi mismo y tratar de revalidar mis principios, visitar un poco el pasado para recordarme quien soy y de dónde vengo para entender a donde voy.

Si usted está leyendo esto es porque tuve esos diez segundos de valor absoluto y apache el botón de publicar.

 

Regrese

A mi me tomó 5 años retomar el valor de volver a escribir y durante estos últimos 5 años he pasado muchas cosas que han transformado mi vida, muchas buenas y otras malas. Mi deseo de aprender crece cada día y con eso el valor de tratar de compartir un poco lo aprendido en el camino.