Hace un par de día se celebró «el día mundial de la Hamburguesa»

No está por demás decir que es probablemente uno de mis días favoritos.

Lo divertido de la historia es que el martes, un día antes, había tomado la decisión de hacer un poco de dieta y comer bien. Lógicamente las hamburguesas no iban a formar parte de mi dieta por un buen tiempo.

Allí estaba yo, bien portado por un poco más de 24 horas cuando llegó ese fatídico Miércoles 28 de Mayo día mundial de la hamburguesa!

Me levanté esa mañana, como buen principiante de dieta me calenté una Avena, mi tacita de café de Guatemala “sin azúcar” al terminar agarré mi galón de agua y me fuí a trabajar. A eso de las 10 y media ya tenía hambre y se me venían cientos de antojos alimenticios,  al mismo tiempo mi cerebro me recordaba que estaba a dieta y ese día tocaba ensaladita de pollo.

Cuando el reloj marcó las 12 en punto del medio día, como buen obrero me levanté del escritorio y salí por en búsqueda de los sagrados alimentos, hasta risa me dio porque cuando no estoy a dieta me dan las dos de la tarde aún sin hambre.

Salgo de la oficina, me subo al carro rumbo a una famosa cadena de comida rápida con la idea de mi ensalada y con la determinación de comer bien al 100%.

Pero eso no me iba a durar mucho. Al llegar veo el gran rótulo que decía  

¡Celebremos en grande el día mundial de la hamburguesa!

Me voy a ahorrar las palabras que rebotaron en mi cerebro, pero sé que se las están imaginando. Allí estaba yo con la gran encrucijada. Seguir mi dieta o celebrar al grande mi día favorito.

Los siguientes 60 segundos en el autoservicio fueron una batalla campal de emociones. Llegué a la ventanilla y le dije al joven: “deme una ensalada de pollo sin aderezo” el joven se me queda viendo y me pregunta “algo más’ y en ese momento perdí la batalla, ya no podía aguantar más y le dije “sabe que cámbiese la ensalada por un Whoper doble con queso y tocino, me agrega salsa de tomate, papas fritas y una Coca Cola grande”

En ese momento encontré un poquito más de 50 excusas por las que comerme una hamburguesa ese día era lo lógico y que siempre podía comenzar mi dieta de nuevo al día siguiente.

Yo se amigos, fallé, aguante la dieta por un total de 36 horas y sucumbí a los antojos terrenales.

No hace mucho me encontré una teoría de Ray Dalio que me pareció bastante interesante, en realidad fue así como un momento “Miyagi” para mí.

¿Y que es el momento “Miyagi”? el momento “Miyagi” es cuando te das cuenta del resultado y el porqué del proceso tedioso de algunas cosas.

Los seres humanos tenemos dos barreras gigantes “el ego” y “los puntos ciegos” que nos detienen a vivir al máximo de nuestro potencial. Y si entendemos un poco mas de como funciona nuestro cerebro, es más fácil explicar el porqué.

El Ego

El ego es nuestra primera línea de defensa, imaginemos que nuestro cerebro está dividido en dos.

Una parte que controla la lógica analítica y la conciencia y la otra que es emocional y subconsciente.

Simplifiquemos esto porque lo científico no es lo mío.

El ego es la parte emocional y subconsciente, veamos que pasa cuando alguien dice no estar de acuerdo con nosotros en algo, la parte emocional se activa y nos molestamos, aunque la lógica diría que lo mejor es mostrarnos interesados por la perspectiva de la otra persona si consideramos que la otra persona es inteligente.

Al final la parte emocional del cerebro reacciona por instinto y se pone en mecanismo de defensa y la parte analítica se activa segundos después y comienza la batalla interna en nuestro cerebro, es gracioso verlo desde afuera y darnos cuenta de que durante el día nuestro cerebro libera batallas divertidas y al final llega a sus propias conclusiones. La clave es que la parte emocional no termine ganando siempre ya que seguramente libraremos otra batalla luego debido a las consecuencias.

En el caso de la Hamburguesa. Es divertido ver la batalla interna de mi cerebro. Ver el enojo conmigo mismo, la parte analítica te dice: ¿porque te comiste la hamburguesa si hoy habías comenzado la dieta?

La respuesta es sencilla, la parte emocional/instintiva ganó esta batalla.

Si esto nos ha pasado alguna vez, no estamos solos hasta las personas consideradas más inteligentes de nuestro planeta actúan de la misma manera.

Imaginemos la batalla que se vuelve cuando no solo es interna, cuando en realidad 2 personas entran en un debate por algo.

Las dos partes emocionales en batalla campal. Messi o Ronaldo, Cremas o Rojos. Así van a ser los debates eternos, Política, Deportes, Religión, etc.

Y el subconsciente analítico tratando de ayudarnos un poquito a escuchar, vaya si es divertido experimentarlo.

Según el estudio que leí nuestro cerebro libra batallas diarias y constantes. La parte analítica esta constantemente educando a la parte emocional para que tome las decisiones correctas.

La parte analítica absorbe toda la información y después de hacer su trabajo le informa a la parte emocional si está o no de acuerdo con lo que va a hacer en ese momento.

Pero el control de la decisión final lo tiene la parte emocional y eso es lo difícil.

Pero el fenómeno más extraño de todo esto es que conforme la vida corre y según nos volvemos más sabios en inteligentes «pensamos todos» también pasa un fenómeno en nuestro cerebro que se convierte en nuestro peor enemigo.

La parte analítica de nuestro cerebro llega a convencer a la parte emocional que sabe tanto de algo en particular y que tiene la razón absoluta y allí es cuando “el Ego” se apodera de nosotros y dejamos de crecer y aprender.

Yo disfruto mucho el debate deportivo, es más me apasiona poder disfrutar de un bonito debate deportivo con amigos y conocidos.

Pero reconozco que  no todos tenemos la capacidad de un bonito debate deportivo, político o religioso.

En realidad, es algo bastante peligroso porque puede llevar hasta destruir bonitas amistades si no logramos controlar esos 2 monstruos en nuestro cerebro.

Pero ya les conté el problema y todos dirán pues eso ya lo sé, lo difícil es cómo combatirlo.

La verdad es que la respuesta para todos no la tengo, es mas yo no soy ni me considero un inventor de la tortilla o el pan rodajado, pero les voy a compartir estas enseñanzas de “Ray Dalio” que me han ayudado mucho a conservar amistades y a no ser tan terco.

Hay que ser Radicales!

momento…

¿Radicales?

Si, radicales de mente abierta.

·        No lo sabemos todo, aprendamos a escuchar y entender que todos tenemos un lado ciego.

·        Reconocer que para tomar una decisión hay que escuchar el debate de nuestro cerebro, absorber la información y permitir que nuestro cerebro tenga su debate y nos ayude a encontrar la respuesta adecuada.

·        Saber que todos tenemos partes ciegas y que sin la ayuda de los demás, nunca las vamos a descubrir.

·        Diferentes puntos de vista pueden ser simbióticos y complementarios y no destructivos.

·        No preocuparnos por vernos bien, creyendo que los inteligentes todo lo saben y que sería un fracaso vernos ignorantes. Los más inteligentes en realidad reconocen que no lo saben todo, que tienen puntos ciegos y buscan siempre aprender en cada debate.

·        Entender que para poder ver las cosas de otra perspectiva tenemos que suspender el juzgar a nuestro adversario. Esto no significa que tenemos que estar de acuerdo con él. Es simplemente estar  abiertos a que existe la posibilidad que podés estar equivocado y otros puntos de vista te pueden ayudar a encontrar las respuestas.

·        Hay que recordar que el objetivo es encontrar la mejor respuesta y no la mejor respuesta que se nos ocurra a nosotros. La respuesta nos siempre tiene que estar en nuestra cabeza podemos ver afuera y encontrar la respuesta en otra persona.

·        Saber reconocer si en un debate uno es la persona con el mayor conocimiento o si uno es el estudiante. Darte cuenta si en realidad estás aprendiendo en ese momento o estás educando a alguien.

Creo que puedo seguir con este tema un rato más, pero el punto no es aburrirlos es compartir un poco y si a alguien le sirve pues maravilloso. Con que se les antoje una hamburguesa ya lo considero un triunfo.

Sabían ustedes que las Hamburguesas se llaman así porque fueron inventadas en la ciudad de Hamburgo Alemania por Otto Kuase y data del siglo 18. A América llegó en el año 1900 y el primero que se tira las flores de haberla vendido es un señor de New Haven, Connecticut en su restaurante Luois’ Lunch.

Gracias Otto Kuase por hacer mis días más felices cuando como Hamburguesas y para los que se preguntan si estoy a dieta les cuento que “Si” hasta que no se me atraviese otra hamburguesa, pollo frito, unos tacos, bueno…. Que les digo… decía mi papá “Si comer fuera pecado creo que me voy a ir al infierno”